Juana Campos Haro, centenaria
Juana Campos Haro, centenaria / lmmg

He vivido como he podido sin hacer nunca daño a nadie y sin importarme lo que no fuera mi casa

  • El próximo 1 de febrero apagará las velas de una tarta muy especial: la que festejará que acaba de alcanzar nada menos que un siglo de vida. Lo hace con la ilusión de seguir sumando años

Han vivido muchas adversidades. Los que llegan a estas edades son unos supervivientes y son muy fuertes. Así podemos explicar que Juana Campos vaya a pasar la barrera de los cien años y esté con la ilusión de seguir sumando. Está perfecta de salud, aunque la cabeza le falle a veces y se desplace a su ritmo. Sus familiares aseguran que tiene los achaques normales de su edad.

Juana Paula Campos Haro no es la más longeva del mundo, pero va por buen camino. Ese título es para otro extremeño, Francisco Núñez Olivera, vecino de Bienvenida. Francisco que cumplió 113 años, trece más que Juana. Ambos comparten la aparente vida tranquila extremeña.

Juana tiene una apariencia frágil, pero por dentro sigue fuerte. Se agradece poder mantener una conversación con una persona con tanto vivido, ya que conserva una memoria muy buena y una mente lúcida para hablar de temas pasados o actuales. Juana, soplará las velas de su centenario el próximo 1 de febrero rodeada de sus hijos, nietos y biznietos.

Juana responde a veces firme a las preguntas y sobre todo con respuestas claras. Se casó joven y tras quedar viuda y fallecer su primera hija años después se volvió a casar con Ángel Baños. Al igual que cientos de talayuelanos en aquellos años, tuvieron una vida dura. De este matrimonio nacieron Ángel, Paco y Pepe, sus tres hijos.

Según los datos que figuran en el Registro Civil, Juana está registrada con fecha de 1 de febrero de 1918.

Juana es hija de Victoriano Campos de la Calle e Inocencia Haro Parra, nació durante el reinado de Alfonso III, después conoció la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, Guerra Civil, dictadura de Franco, reinado de Juan Carlos I y ahora el de Felipe VI, ¡todo un manual de historia!

¿Siempre ha vivido aquí en Talayuela?

Yo nací en el Losar y mis padres me trajeron con 3 meses en una caja. Talayuela ha sido mi pueblo toda la vida.

¿A qué se dedicaban sus padres?

Mi padre trabajaba en la dehesa de Cuaterno. Siempre estuvo con el ganado guardando las vacas y estuvo ahí hasta la guerra, fueron 19 años. Luego nos vinimos a vivir aquí y no he vuelto a salir del pueblo.

¿Tiene algún recuerdo de cómo era el pueblo cuando era usted niña?

Recuerdo que era todo más viejo, porque luego lo han ido renovando y lo ampliaron. El pueblo era pequeño, todos nos conocíamos y nos ayudábamos.

¿Cómo fueron sus años de niñez y juventud?

Bueno, mi vida no ha sido de jugar ni de juguetes, porque con 8 años me mandaron a cuidar dos muchachos para jugar con ellos y cuidarlos en la casa del guarda, en Cuaterno. Más tarde, de moza ya con 16 y 17 años me pusieron a servir en casa del médico hasta que se murió mi madre al comenzar la guerra. Salía a comprar verduras a la tienda de Flora y a por agua al pilón, eso sí lo recuerdo.

De niña y de moza trabajé mucho, era lo normal en esa época, hasta que me casé.

¿Tras casarse, trabajó en algún oficio más?

Pues la vida ha ido pasando y yo he ido tirando como he podido. La vida era dura, se murió mi madre y mi padre me sacó de servir para ayudar a criar a mis hermanos. Me casé y a los pocos años se murió mi marido. He vivido como he podido sin hacer nunca daño a nadie y no me importaba lo que pasaba siempre que no fuera de mi casa.

¿Cuántos hijos tiene usted?

Yo tengo 3 hijos, 6 nietos y 3 bisnietos.

Nos dice su familia que come muy bien, ¿para llegar a sus 100 años qué hay que comer?

Pues lo que se comía antes, cosas buenas y contundentes como las de antes. Cosas de puchero, antes se hacían más matanzas y era todo más natural. Me gusta comer cosas normales pero si hay algún “ofertorio” no hay que desaprovecharlo.

¿Ha hecho usted muchas matanzas?

Me gustaba mucho hacer matanzas. En Talayuela antes se hacían muchas matanzas. Hacías la tuya y la de los demás vecinos, también las de mis hijos, era todo más familiar. Ahora ya no hay tantas y se hace poco.

¿Le gusta mucho salir a la calle, a dar paseos por el pueblo?

Sí, cuando hace buen tiempo yo suelo salir pero ahora llevo mucho tiempo que no salgo porque está el tiempo muy malo y me da miedo salir, caerme y quedarme peor que estoy. Si me caigo ahora, tendría que estar en una silla sin moverme y para mi familia sería una carga. También me gusta mucho estar en casa con mis hijos y mis nietos, aunque ahora mismo tienen ellos más dolores que yo.

Me gusta salir y hablar con los vecinos del pueblo. Desde hace muchos años salgo a andar y es muy bueno, lo malo es sentarse. La gente joven tiene que andar porque si no lo hacen ahora cuando tengan mi edad no lo van a hacer.

Talayuela, vivió en la década de los 40 del pasado siglo un suceso trágico en el que 11 personas fallecieron por ingesta de setas venenosas. Juana vivió aquella trágica historia en primera persona ¿podría recordarnos qué sucedió?

Haciendo un esfuerzo te puedo responder, porque aunque hace muchos años de aquello fue muy duro. Después de unos meses tras la guerra, los hombres volvieron y eran momentos duros porque no había nada para comer. Tras regresar varios hombres de cortar pinos echaron en el puchero de la casa donde iban a comer unas setas que habían cogido en el pinar. Entonces no había mucha información, como había mucha hambre y no había dinero se las comieron sin saber si eran buenas o malas. Yo me libré porque estaba cuidando a mi hija que tenía entonces dos meses y más tarde también falleció.

A la mañana siguiente se pusieron todos malos, se avisó al médico pero poco se pudo hacer. El primero que se murió fue mi suegro porque padecía de cólicos y tras él fallecieron todos los demás. Otros como mi marido y su abuelo se fueron a trabajar estando malos y al regresar murieron, más todos los que habían comido. Talayuela tardó mucho tiempo en volver a coger setas para comer.

Cambiando de tema y para que también recuerde tiempos más alegres ¿se acuerda usted del baile que hacían aquí en el pueblo?

Sí me acuerdo mucho. Yo de moza iba al baile los domingos por la tarde que los tenía libres. Era un salón que le llamábamos el “salón de tío Kiko”, en él nos juntábamos todos los jóvenes para divertirnos.

¿Cómo le gustaría celebrar su cumpleaños y qué deseo va a pedir al soplar las velas?

Pues con toda la familia. Aunque el dinero es importante tenemos que conformarnos con lo que tenemos y si todo va bien mañana será otro día. Me gustaría que mis hijos no tuvieran nada malo, que estuvieran todos sin dolores y ninguna enfermedad, eso me gustaría mucho. Prefiero que tengan salud a que tengan dinero. Eso es todo lo bueno y malo que te puedo contar.

Durante la entrevista, nos acompañan varios familiares de Juana a los que preguntamos ¿cómo ven a la abuela?

La vemos muy bien, con la edad que tiene es impresionante que tenga la capacidad de recordar tanto de su vida. Ha tenido una vida dura pero completa.

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