"Lo mejor de trabajar en Correos fue mi relación con todas las personas que veía a diario"

"Lo mejor de trabajar en Correos fue mi relación con todas las personas que veía a diario"

Félix Baños Berrocoso de 83 años de edad fue durante más de 30 años cartero en Talayuela. Padres de dos hijos, uno de ellos policía municipal y el otro siguió sus pasos como cartero, recorrió las calles de Talayuela y de las fincas próximas repartiendo el correo hasta su jubilación con 62 años.

¿Cómo empezó en la profesión?

Pues comencé en 1965. Empecé repartiendo a pie en Talayuela y más tarde pasé a repartir en Mesillas y en el Baldío de Casatejada. Empecé cubriendo unos días y me quedé 32 años.

¿Se había planteado alguna vez ser cartero?

Nunca pensé en ser cartero hasta que me lo propuso el administrador de aquella época. Cuando empecé el pueblo tendría unos 1.000 habitantes, era mucho más pequeño que ahora, con decirte que se terminaba el pueblo a la altura del kilómetro 12 y la oficina de correos estaba cerca de la iglesia vieja.

Recuerdo aquella época con mucho cariño, lo malo es que iba todo el día corriendo de un lado para otro. Recuerdo que salía de mi casa hacia correos, que entonces estaba cerca de la iglesia vieja, nos repartíamos la correspondencia entre los compañeros y luego cada uno para su ruta.

¿Quiénes fueron sus compañeros de esa época?

Mi primer jefe fue Miguel Gómez y mi compañeros eran Salvador Castro, Felipe Ruano, Félix “el cordobés” y mi antecesor fue “tío Mico”. Aún me acuerdo que repartía las cartas en burro.

¿También le tocó repartir en burro?

No, mi época era más moderna. Primero me tocó andando hasta que me compré una bicicleta. Más tarde pude comprarme una moto guzzi y luego subí de nivel al comprarme una vespa. Tarde unos años hasta que pude comprarme un 4l, ya que entonces me hicieron motorizado y desde ahí fue ya siempre en coche.

¿Cómo ha evolucionado su trabajo?

Pues al ritmo de la sociedad, como todo, de la mano de las nuevas tecnologías. De la carta familiar se ha pasado a la comercial. Aunque en aquella época eran muchos los paquetes que había que repartir de Galerías Preciados, sobre todo en Mesillas, en eso sí se parece un poco ahora con tanto paquete. De la carta de los militares a sus novias se ha pasado a las cartas de los bancos o de los organismos oficiales. También pagábamos las pensiones a través de los giros, teníamos que ir casa por casa abonando la prestación a cada persona que la tenía.

La gente en esa época no tenía coche y también hacíamos de recaderos. Recuerdo que mis hijos me ayudaban, porque yo por la tarde tenía otro trabajo, con las quinielas y a recoger diferentes pedidos que había que entregar al día siguiente.

También hay que destacar que el correo antes venía en tren e íbamos a la estación de Navalmoral a recogerlo todos los días a las 7 de la mañana. Posteriormente lo traían en autobús hasta la parada y te lo dejaban en una saca que tenías que ir a recoger cada día. Lo que más ha evolucionado ha sido el tiempo que tarda una carta en llegar de un lado a otro.

¿Cuál es la cara amable de su profesión?

Me quedaría con dos cosas. Por un lado, el trato diario con todas las personas a las que veía cada día durante tantos años, y por otro, llevar noticias agradables a la gente.

En aquella época había mucha emigración y la mili era muy larga. Los vecinos se ponían muy contentos cuando me veían porque sabían al verme que les traía noticias de sus familiares o personas queridas, y eso casi siempre era bueno.

¿Y el lado menos bueno?

Las condiciones climatológicas del invierno, cuando llovía mucho el arroyo del Baldío se inundaba y tenía que hacer el doble de kilómetros, esos días llegaba a hacer hasta 90 kilómetros. Normalmente hacía casi 60 kilómetros cada día en bicicleta repartiendo con una gran maleta a la espalda o el sueldo, que era muy pobre en la época. También el correo no deseado era duro de repartir como notificar algún fallecimiento o cosas más livianas como una multa o una carta de Hacienda.

También recuerdo dos accidentes que tuve en moto, sobre todo uno de ellos que se me cruzó una gallina en la carretera del Baldío y terminé con una pierna rota arrastrando la moto y el correo. O el estar todo el día corriendo de un lado para otro, aunque fuese fuera de servicio ya que por ejemplo si te llegaba un telegrama a las 2 de la tarde por defunción de alguna persona estábamos obligados a ir a entregarlo, no podíamos retenerlo hasta el día siguiente.

Otra de las cosas malas que recuerdo era el sueldo, en esa época todo el que trabajaba en correos tenía que tener otro trabajo para poder alimentar a la familia.

¿Cuánto costaba un sello antes y cuánto cuesta hoy?

Quiero recordar que cuando yo empecé a trabajar el precio de un sello normal para el territorio nacional no llegaba a una peseta y nuestro jornal era de 30 pesetas diarias. Hoy cuesta 55 céntimos de euro.

¿Qué situaciones anecdóticas recuerda?

No sabría decirte. Más que con anécdotas me quedo con todas las personas que he conocido en este empleo y con que nunca me han tenido que poner la cara “colorá”.

¿Cree que Correos terminará desapareciendo a favor de las empresas de paquetería rápida?

Correos seguirá evolucionando. Las empresas de paquetería rápida no tienen la infraestructura que tiene Correos y creo que nunca podrán llegar a su nivel. Correos firmó su inclusión en el Servicio Postal Universal es el único que tiene la obligación de llevar una carta o un paquete a cualquier rincón de España, en nuestro caso.

Y ahora que está jubilado ¿qué aficiones tiene?

Me gusta pasear por el pueblo, lo recorro entero casi todos los días. También paso todo el tiempo que puedo con mi familia, tengo que agradecer la paciencia que ha tenido mi mujer durante tantos años ya que al tener dos trabajos y casi nada de vacaciones ella fue la que tuvo que pasar más tiempo con nuestros hijos.

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