Miguel Ángel Medina en la dehesa municipal de Majadas / a.m.

AGRICULTURA

«Estas comarcas serían un caos sin el cultivo del tabaco»

Al no contar la zona con empresas ni grandes polígonos, augura un mal futuro si se consuma el abandono del cultivo del tabaco

E.G.R.

Este vecino de Majadas de Tiétar, empleado en la dehesa municipal, considera que las administraciones deberían ayudar más al sector, o al menos dejar de «poner tantas zancadillas».

–A sus 57 años lleva toda una vida dedicada al sector...

-Así es. Soy hijo de medieros, que cultivaban tabaco y pimiento aquí en Majadas. Además, mis abuelos tenían vacas y terneros, así que me criado viendo estas labores y ayudando en cuanto he podido. De hecho, así lo hice en la explotación familiar hasta los 17 años.

-¿Que ocurrió entonces, hace ya cuatro décadas?

-Pues que había muchísimo trabajo a través de grandes empresas. Una sevillana quitó 200 hectáreas de pinar y lo convirtió en regadío, y otra empresa de la zona hizo lo mismo con otras 300 hectáreas. Fue una época muy buena para el pueblo, había muchísimo trabajo, tanto para los de aquí como para gente de otros sitios. Recuerdo ver pasar cientos de coches a diario llenos de gente para trabajar.

-¿Por qué no siguió con su padre como mediero?

-Porque las condiciones y la calidad de vida no tenían nada que ver. Trabajando como mediero, al final de la campaña tienes que dividir las ganancias y los gastos entre el dueño de la finca y tú. Esto significa que, en una familia de cuatro personas, todos debían trabajar si querían sacar un sueldo medio decente, lo justo para vivir. Así ocurrió que los medieros acabaron desapareciendo.

-¿Qué más recuerda de aquella época?

-Que no se paraba. Trabajé también en el montaje de los pívots de las fincas, en las campañas del espárrago y del tabaco virginia que, en aquella época, fue cuando se empezó a implantar en la zona y generaba muchísima mano de obra, además de que había que montar los secaderos, etcétera. Enlazabas una campaña con otra y, al final de la del tabaco, empezabas con la leña. Había varias cuadrillas de podadores, yo estaba en una de ellas, y desde noviembre hasta marzo no parábamos. Entonces ya lo dejábamos, para incorporarnos a los espárragos. Así estuve 20 o 25 años...

-¿Nuevo cambio de profesión?

-Bueno, no exactamente, porque seguía en el sector. Estuve de tractorista, llevando cosechadoras de tabaco, etcétera. A lo que salía, vaya. Y lo he hecho siempre porque mi abuelo me repetía siempre que al ratón que solo sabe un agujero, pronto le pilla el gato [ríe]. Y ahora ya en la dehesa municipal de Majadas, donde llevo cinco años.

-¿En qué consiste su labor?

-Pues hago un poco de todo, como toda mi vida. A lo que haga falta, ya sea llevar el tractor, secando el tabaco, con los semilleros, podando... La verdad es que siempre hay mucho que hacer. Ten en cuenta que esta dehesa da 3.000 jornales al año, solo entre el tabaco y el pimiento.

-Buena parte de su vida ha estado ligado al tabaco. ¿Cómo ve ahora la situación?

-Muy mal, parece que empresas y administraciones solo se preocupan en poner zancadillas, como cuando prohiben fitosanitarios y productos que se han usado siempre para controlar plagas y malas hierbas, en vez de ayudar. Que tampoco harían falta ayudas, si pagasen el tabaco como deben. Es impensable que paguemos cinco euros por una cajetilla de tabaco, que lleva 20 gramos de tabaco, y a nosotros por un kilo nos paguen tres o cuatro euros, de los que buena parte son ayudas. La empresa debería pagar más para que la gente no siga abandonando el cultivo. Si todo el mundo lo hace esto va a ser un caos, entre otras cosas porque en estas comarcas no tenemos muchas empresas fuertes, ni grandes polígonos, ni nada. Solo la agricultura y la ganadería.