

El pasado 31 de enero Francisco Rufo colgó su uniforme de Jefe de la Policía Local para siempre. Así pone fin a 37 años de servicio como policía local en Talayuela desde noviembre de 1981. Se jubila con 62 años, una decisión que ha tomado tras la aprobación del real decreto que concede a los policías la jubilación a partir de los 59 años cumpliendo una serie de requisitos.
¿Con cuántos años llegó a Talayuela?
Nací en 1957 en Plasencia, me crié en Pasarón de la Vera, donde pase mi infancia, adolescencia y juventud, la etapa de la vida que nunca se olvida y que siempre añoramos, los padres, familia y amigos a los que siempre llevaré en mi corazón. A Talayuela llegué en el año 1979.
¿Cómo y cuándo decidió ser policía?
Había terminado el servicio militar, me enteré de que había plazas de policía local en Talayuela, y ante el empeño por parte de mi mujer y mi suegro, opté a ellas mediante concurso oposición y aprobé.
¿Eran muy diferentes las pruebas de antes a las de ahora para ser policía?
Prácticamente las mismas, excepto que ahora después de aprobar la oposición hay que pasar por la Academia de Seguridad Pública de Extremadura.
¿Cómo fueron sus comienzos como policía?
Cuando empecé no había academia, la academia era la calle y los compañeros. Fui destinado a los pueblos nuevos: Miramontes, Barquilla, Tiétar y Rosalejo, concretamente yo llevaba Miramontes y Barquilla.
Por aquel entonces no estaban acostumbrados a ver a la policía municipal patrullando por las calles. Nos abrimos hueco y cambiamos el pensar de muchos vecinos de estas localidades, que nos veían como personas que en cualquier momento les podían ayudar.
Cuando había cualquier acontecimiento, nos juntábamos los tres agentes que estábamos destinados en estas localidades y patrullábamos todos los pueblos, no teníamos horarios y hacíamos de todo. Éramos como los embajadores de Talayuela en los pueblos. Me traje buenos recuerdos, grandes amigos y unos principios que siempre he tenido presente en mi profesión, ayudar, proteger, servir, escuchar y advertir.
A partir de 1987 empecé a prestar servicio de forma regular en Talayuela.
¿Hay algún momento que le haya marcado?
Han sido muchos momentos, positivos y negativos. Pero especialmente fue en 1990, cuando di la primera charla de Educación Vial en el colegio Gonzalo Encabo, a partir de entonces por decirlo de alguna manera he dado charlas de Educación Vial a los padres y a sus hijos, hasta mi jubilación.
¿Hay algo con lo que se sienta especialmente satisfecho?
Con mi trabajo en general, pero por resaltar algo, con la realización del callejero de Talayuela, que le hice en 1995, como consecuencia de que los vecinos, viajantes, repartidos, etc., preguntaban por las calles y no había ninguna referencia. Algunos me preguntaban qué escala tenía el callejero, yo les decía la mía.
¿Y cuál es el momento que recuerda con una sonrisa?
El trato con los niños y entre los muchos recuerdos, el de una noche fría de invierno, cuando patrullábamos por una calle observamos un tronco de una encina que salía de una casa hasta la acera. Comprobamos que la puerta estaba abierta y el otro extremo del tronco que media unos tres metros estaba en la lumbre ardiendo, llamamos a la puerta y salió el vecino, al que preguntamos cómo no cerraba la puerta con el frio que hacía, este respondió dar tiempo al tiempo, cuando se vaya quemando el tronco ya se cerrará.
¿Cuándo accedió a la plaza de Jefe de la Policía?
Accedí a la plaza de Oficial Jefe, mediante concurso oposición en el año 1996, tuve que pasar por la Academia de Seguridad Pública de Extremadura 3 meses, ahora ya si había Academia. He estado como Oficial Jefe 23 años.
¿Cómo ha sido su trato con los vecinos?
Yo creo que bueno y la vez recíproco. He tratado a todos los vecinos por igual, escuchando sus problemas, procurando ser imparcial en mis decisiones, sin discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
¿Qué es lo que más echará de menos de su puesto de trabajo?
El trato diario con los vecinos, la implicación que para mí suponía la Semana Santa, las fiestas de San Marcos, la romería de Virgen de Guadalupe y de la Asunción, el mercadillo de los martes, la entrada y salida de los colegios, y como no la relación con los compañeros de la Policía, de la Guardia Civil, los Administrativo y el personal del Ayuntamiento.
¿Qué es lo que le hubiera gustado hacer o terminar?
La señalización de la calles de Talayuela, cuando yo llegué era escasa. Me hubiera gustado terminar las fases de señalización que tenía previsto, hacer un parque infantil de Educación vial y tener un servicio de policía local las 24 horas.
¿Se ha sentido implicado con el pueblo de Talayuela fuera de su puesto de trabajo?
Yo creo que sí, por decir algo, en el año 1998, entre unos maestros del Gonzalo Encabo, el animador cultural del Ayuntamiento y yo empezamos a organizar el día de la Bicicleta, que a partir de entonces se celebra todos los años en agosto en las fiestas de Nuestra Señora de la Asunción. También participé como monitor en la escuela de Fútbol, fui presidente fundador del Club Cicloturista de Talayuela y actualmente estoy ligado al grupo senderista.
¿Le gustaría mandar algún mensaje a sus vecinos y compañeros?
A los vecinos que sean comprensibles con la policía local, que está al servicio del pueblo y que estos dentro de sus competencias deben adaptarse en la medida de lo posible al pueblo y sus costumbres. Ha sido para mí un honor servir al pueblo de Talayuela y que me siento Talayuelano.
¿Cómo definiría su trabajo, en pocas palabras?
Humildad, mano izquierda y empatía.
Y ahora tras dejar el puesto, ¿a qué se dedicará?
A mi familia y a mi nieto. También a las asignaturas que tengo pendientes como tocar la guitarra, senderismo, paseos por la dehesa y el pinar y lo que vaya surgiendo.
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