DEPORTES

«Siempre somos árbitros, aunque ya no estemos en activo»

Angel Correas en medio de la imagen, junto a los jóvenes árbitros de la zona/
Angel Correas en medio de la imagen, junto a los jóvenes árbitros de la zona

Luis Miguel Martín
LUIS MIGUEL MARTÍN

Aunque a la mayoría le pueda sonar a extravagancia, hay quien al ver un partido de fútbol, no se fija en los jugadores. Por ejemplo, Ángel Correas (Peraleda de la Mata, 1957) y vecino de Talayuela desde hace más 35 años. Lo vea a pie de césped, en la grada, en el salón de su casa o en el bar, sus ojos se van al árbitro. Se fija en cómo se mueve, en si corre mucho o poco, en dónde se sitúa mientras unos defienden y otros atacan, en cómo se relaciona con sus asistentes, en lo que pita y deja de pitar, en lo que acierta y en lo que falla.

¿Cómo y cuándo decidió ser árbitro de fútbol?

Tuve dos etapas, la primera fue de 1979 a 1982 y la segunda época empecé a principios del 2000 y estuve hasta el 2014, pero en esta segunda etapa también estuve como delegado de la zona de Navalmoral. En un principio, yo jugaba al fútbol pero nunca me había planteado ser árbitro hasta que Luis Cortes, delegado de la zona de Navalmoral me propuso probarlo y me gustó. Lo dejé durante unos años y ya viviendo en Talayuela Antonio Pintado, también delegado de Navalmoral me pidió que le echara una mano para arbitrar partidos de fútbol 7 ya que sólo había 9 personas arbitrando para toda la zona de Campo Arañuelo, la Vera e Ibores. En mis inicios como delegado, fui muy bien acogido por el secretario del comité técnico de árbitros de Extremadura, Alfredo Gómez, como por el presidente Santiago Nacarino. Ellos me enseñaron a gestionar todo lo que hace un delegado. Aprendí mucho y me lo hicieron más fácil.

En sus comienzos, ¿No le echaba para atrás el ambiente hostil contra los árbitros en los campos de fútbol?

Nunca me ha preocupado. De hecho en mi primera etapa me tocaron partidos bastante difíciles de pitar. En aquella época íbamos solos a arbitrar, sin asistentes, y me encontré en varias situaciones duras de las que aún me acuerdo. Fue una época más complicada, muy distinta a la de ahora.

¿Cuál ha sido su trayectoria?

En mi primera época arbitré en Segunda y en Primera Regional. Ya en mi segunda etapa estuve de árbitro complementario, que son árbitros que no pueden estar en categorías de ascenso por la edad y arbitran en categorías base. Esto fue el primer año, el segundo estuve de profesor de reglas y el tercer año, por el 2003 más o menos, me eligieron como delegado de Navalmoral. Mi función durante esos años era la de repartir los partidos para los árbitros, visualizar a los nuevos colegiados para corregirles fallos, designé un profesor para enseñar reglas. En general, intentamos profesionalizar el mundo del arbitraje en la zona ya que era muy necesario.

¿Hasta dónde le hubiese gustado llegar en el mundo del fútbol?

No tenía grandes pretensiones, siempre he estado muy contento arbitrando en la zona. Estoy agradecido a todos los compañeros que he tenido y les deseo mucha suerte a los que están ahora. Sinceramente, lo que realmente me haría ilusión es ver en Primera a alguno de los jóvenes que están ahora y a los que he aportado mi granito de arena en su formación.

¿Los árbitros del Campo Arañuelo tienen buen nivel?

Vivimos una buena época tanto en lo técnico como en lo físico y se ve plasmado en el campo. En estos momentos hay cuatro árbitros en Tercera División, y dos de ellos por edad se ve que son de futuro y están capacitados para pitar en categorías superiores. Los que arbitran en Preferente vienen con mucha fuerza y todo ello es gracias al profesor de reglas, Roberto Paredes, y el delegado, Alfredo Del Monte.

¿Hemos tenido más árbitros federados en Talayuela?

Hemos sido varios a los que no has picado el gusanillo, en total habremos sido unos diez. Algunos con muy buena proyección que por unas causas u otras tuvieron que dejarlo. Me gustaría destacar a Manuel Camacho, es posiblemente el árbitro extremeño que más años ha estado en activo de Extremadura.

A ojos de un árbitro, ¿cómo ha sido históricamente el campo de Talayuela?

Actualmente es un pueblo donde se puede venir a arbitrar con tranquilidad ya que los directivos, entrenadores, monitores y delegado tienen un comportamiento correcto hacia los árbitros e intentan ayudarles.

Lamentablemente, cada poco tiempo vemos en los medios alguna agresión a árbitros en partidos de categorías base ¿siempre ha sido así?

Siempre. Está mejorando bastante pero siempre nos encontramos algún «borrego» que va a los partidos a insultar en vez de a disfrutar del fútbol. Pero afortunadamente cada vez hay menos.

¿Cuál cree que es la solución?

Seguir trabajando en la línea que se trabaja ahora. Los padres cada vez están más concienciados y hay que seguir educando a niños y padres. Es una verdadera pena, que al finalizar un partido veamos a algún niño avergonzado por la actitud del padre. Actualmente los árbitros tienen potestad para parar el partido si les están insultando, eso es un beneficio para los propios niños. Creo que con el tiempo estas situaciones se terminarán y se disfrutará sólo del verdadero juego.

Recién introducido el VAR, ¿Cree que es una solución definitiva para evitar errores durante el encuentro o seguirán cometiéndose errores?

Seguirán cometiendo errores, porque serán errores de apreciación. Pero ya vemos que es una buena herramienta porque han bajado las tarjetas amarillas y rojas. Antes había muchas agresiones a la espalda de los árbitros y ahora no hay tantas, esta medida favorece claramente el fair play.

¿Cuál fue su peor experiencia?

Como árbitro, en la primera etapa sufrí una agresión en Rosalejo. Se enfrentaban el equipo local contra el Pueblonuevo de Miramontes, se montó un buen jaleo. Ya como delegado, recuerdo un partido al que vino Gil Manzano, cuando estaba en Segunda División, a arbitrar un partido juvenil de ascenso y se lio una tangana gorda. Sentí mucha vergüenza. La violencia en el deporte siempre es la peor experiencia.

¿Alguna anécdota que recuerde con una sonrisa?

Siempre hemos recibido un buen trato en casi todos los campos de la zona, ese es el recuero que guardo con más cariño. Con una sonrisa, recuerdo una época en la que estábamos formando a jóvenes árbitros y uno de ellos, que estaba de asistente, al decirle al línea que tuviese más vista y que acompañara más al árbitro, dejo su posición y se fue al lado del árbitro en medio del partido, nos dejó rotos.

Sus hijos ya son mayores, ¿le gustaría que en un futuro alguno de sus nietos se dedicara a esto?

Me encantaría, el arbitraje es más bonito de lo que parece pero sólo lo sabemos realmente los que lo conocemos desde dentro.