Un pedacito de mi vida
María Yolanda Gómez, vecina de Talayuela, contó su emotiva historia de lucha contra el cáncer el pasado domingo, 16 de octubre, al término de la I Marcha Rosa contra el Cáncer de Mama. Historia que ahora comparte con todos los lectores de HoyTalayuela.
REDACCIÓN HOY TALAYUELA
Miércoles, 19 de octubre 2016, 16:36
De camino hacia el quirófano por aquel pasillo tan largo, tan estrecho y tras unas puertas metálicas, se quedaba mi familia mirándome con lágrimas en ... los ojos y un nudo en el corazón.
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Yo les dije adiós con las manos y una extraña sensación me cubrió todo el cuerpo. Me puse la mano en el pecho como cuando no quería alejarme de él, hasta que una enfermera me la quito y me dijo que no me preocupase que todo iba a salir bien.
En este momento tan duro, que te golpea fuerte, piensas en muchas cosas, cosas verdaderamente importantes y dejas de lado lo cotidiano de la vida.
Ya en la mesa de quirófano te encuentras sola y rodeada de gente extraña; médicos, enfermeras, anestesistas, todos te sonríen y te preguntan cuántos años tienes, estas casada, tienes hijos pero yo solo podía pensar en mi pecho, como estaría cuando me lo quitaran, por donde me lo cortarían, que sensaciones tendría, tantas y tantas preguntas que me venían a la mente. Era un mundo tan desconocido para mí, yo nunca había oído hablar de quimioterapia ni radio, ni de los efectos que causaban. Era tan joven que no sabía lo que se me venía encima.
Me volvía a llevar la mano al pecho, como si quisiera despedirme de él, hasta que por fin sin fuerzas me quede dormida.
Cuando desperté, estaba toda llena de goteros, cables y demás utensilios médicos, miraba mi dedo que se iluminaba con una célula que leía mis constantes vitales. Quería levantar la mano pero no podía, quería hablar pero no me salían las palabras y entre recuerdos me quedaba dormida de nuevo. Note como me acariciaban el pelo y la frente y sin abrir los ojos soñaba con mi Padre que me llamaba a lo lejos, en cierto momento creí que estaba en el cielo. Abrí los ojos y vi a mi marido que me decía cosas que yo no entendía, por los efectos de la sedación, eso significaba que estaba aquí, que no estaba muerta, ni nada parecido, que la luz que veía eran los reflejos de los cristales que me cegaban los ojos, que sus manos en mi cara era la muestra de que estaba viva y de lo mucho que me quedaba por luchar.
A los dos meses comencé la quimio, hablo de aquella quimio de hace 17 años que eran bombas de relojería, con unos efectos devastadores; las nauseas, los vómitos, la caída del pelo y cansancio extremo pero con la ayuda de los médicos, enfermeras y el apoyo de tu familia lo vas superando.
Nunca podré olvidar cuando me rapé el pelo porque se me empezaba a caer, rodeada de mi familia me lo cortaron, veía la cara de mi sobrina desencajada, con un llanto imparable.
Las últimas sesiones fueron terribles, cada día me costaba más y más hacer cualquier cosa, el simple hecho de levantarme ya era agotador, pero siempre tuve una sonrisa en la cara y unas ganas de vivir que no me permitían ni un momento dejar de luchar y agarrarme a esta vida tan fuerte que a Dios le iba a costar llevarme.
No quiero hablar de tristeza, yo quiero hablar de alegría, de decir a todas que se puede, que es duro pero se puede. Hay que seguir adelante y pasar página, que la oncología avanza a pasos agigantados, que el numero de posibilidades es cada vez mayor y la búsqueda de nuevos medicamentos nos beneficia a todos. Tenemos mucho que dar a nuestras familias, a nuestros amigos, vecinos que se preocupan por nosotras. Lo mejor es una mano amiga que te ayude a superarlo.
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Hoy he contado un pedacito de mi vida y he querido compartirlo con todos vosotros porque sois mi pueblo, gente a la que amo y conozco, por eso quiero decir simplemente gracias a todos.
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